Y Alicáncano. Y Humo, voluta roja.

domingo, 30 de octubre de 2005

Otra vez aquí.

Casi no consigo entrar.
Es fácil cuando lo has logrado, pero se me olvida de una vez para otra.
Vengo tan poco por aquí.

Procuraré pasar más a menudo.

3 comentarios:

Hosoqumyp dijo...

¡Hola pirata, robador de joyas de la corona! (de Aragón, claro está).

Te 'blogueé' via Mariano, a las 11:31 AM (hora de Ulaan Bataar, Mongolia), 16:31 hora de Tokelau, por cierto; y 3:31 AM hora GMT (o UTC, si prefieres). Ahora me doy cuenta de que eres también un blogger. Te reenvío mis saludos.

Date por 'bloggeado' pues, en directo, y tu 'Salón de sol'. Tu 'Joya' nos tiene rodeados: es un encanto escribiendo, y destila un infinito amor...

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Hosoqumyp dijo...
Para 'equilicua' por alusiones, de un ibicenco ‘de paso’ y de repaso:

Consideraciones culturales, sanitarias o dietéticas aparte, y a pesar de las prohibiciones del Levítico (9:1 - 11:47 sobre alimentos inmundos) los judíos no saben lo que se pierden obviando el buen jamón ibérico de bellota extremeña.

De paso decir que para inmundas ‘cerdadas’ las de los modernos chicos de Zión (en hebreo con zeta: ya sabes como qué) cargándose día a día a los hijos de Esaú, Ismael y Agar.

Pero, por otra parte, también es cierto que un sugerente dicho del judaico Midrash dice, hablando del vino, que (traduzco al eivissenc, por no escribirlo en invertido hebreo):

“No hi ha vi sense alegria, i no hi ha alegria sense vi”

El vino… ese ente liturgico sublimado por Cristo, el judío impulsor de nuevos tiempos otros (o eso quería el pobre).

Y nosotros mientras tanto, como diría Idrís, el ibicenco 'en Savines' (¿te suena?), llenemos nuestras copas para brindar en vida y por la vida ya que, si pesadas estaban, al llenarse de vino (del bueno, claro está) se aligeran y vuelan. Igual que los espíritus aligeran los cuerpos… Igualito, lo sé porque lo dijo Idrís.

Gracias por la invitación a jamón extremeño y vino cordobés, que archivo en mi memoria ‘ritual’ (ya que, como con las cosas de comer no se juega, no es cuestión de virtualidades ni siquiera en memoria).

Por cierto, tú que ahora disfrutas de Extremadura sabes que allí precisamente la Gran enciclopedia Extremeña (Mérida : Ediciones Extremeñas, 1989-1992, 10 v.), la encuadernada en corcho, la dirigió Francisco José Mayans Joffre, ibicenco él de cuna, de paso… ‘permanente’ en Trujillo.

Ah, sin olvidos, por mi parte te envío caleidoscópicos besos para la refrescante Helena, experta ella en arcoiris de mimos. Helena ‘La de Troya’, esa joya que es tuya con su permiso espero: que en cuestión de dominio, pertenencia, usufructo, capital y riqueza no hay derechos forales para amores sin celos.

Y sábete que te envidio, yo también (¿uno más en la lista?), pues conforta leerla.

11:31 AM

Salón de sol dijo...

Me halagan Hoso tus caleidoscópicos besos, Desde Mariano, busqué "bloguearte" para contestarte en el tuyo, y mandarte besos en fractales, por supuesto de colores... Helena.

Salón de sol dijo...

Cientos, miles de besos de colores que giran sobre sí mismos dando vueltas mientras van cayendo suavemente. Pero no hay suelo, sino que allá a donde se lleve la mirada hay más besos flotando sobre un fluido invisible que los mece y arrulla. Arriba, abajo, a los lados, y contigo.

Son de todas las formas, triángulos planos, hexaedros y algunos que son difíciles de ver, porque son transparentes.

Escuchan atentos la música. Hay un sonido muy grave, parecido al de un trombón, con el que otras notas parecen estar jugando. El sonido del cuerno es incesante, y las demás notas de la partitura suenan desordenadas, mezclándose con los besos.

Entonces el sonido más largo y ronco comienza a oscilar, variando rítmicamente su tono. Y las demás notas bailan con él.

¡Y los besos de colores sienten la música! Y el universo es multicolor, poliédrico y musical.
Y dentro de cada beso hay un deseo. Y todos ellos son el mismo, porque si los besos son bonitos, son tales como tú.

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